Adelanto: Althea

Una novela que llevo más o menos avanzada y que espero que pronto esté ¡disponible y a la venta!

¿Qué harías si un día estás tan tranquila y un extraterrestre te secuestrase para venderte en un lugar a años luz de tu planeta?

¡Aquí tenéis un adelanto!

―No es prudente tocarlas si no has sido invitada.

Pensé que en aquel rincón estaba sola, que podía observar a alguien que ostentara su riqueza, que estuviese más solo, más accesible, que pudiera ser un blanco para mis propósitos mucho más realista. Pensé que no tenía compañía.

―¿A todas o solo a la de hielo?

Hablé a la oscuridad, esperando que la voz masculina se volviese corpórea, que saliese a la luz. No sucedió.

―En general, no es prudente hacerlo con nadie, pero especialmente con su raza. Desarrollaron esa habilidad hace siglos, cuando eran codiciados y brutalmente tratados. Es su defensa y solo pueden deshacerse de ésta voluntariamente.

Hubo un momento de silencio.

―¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás comprobando la mercancía? ―Ay. No pude evitar que las últimas palabras salieran acompañadas de un matiz no muy amigable.

Aunque pudiera parecer increíble, en estas semanas me había acostumbrado a la desnudez, me había acostumbrado a las comidas, los colores, los olores, los comportamientos de los seres a mi alrededor. A todo, excepto a la cosificación de mi persona. A todo, excepto al hecho de ser una mercancía, una esclava, al hecho de que me hubieran arrebatado la voluntad.

―Es eso lo que estoy haciendo.

―¿Desde aquí? ¿A oscuras?

―Desde aquí. A oscuras.

―¿Por qué? ―No pude evitar preguntar.

―Es más fácil observar desde este punto de vista. Desde aquí puedo ver cómo se comportan, cómo adulan y se venden, cómo y cuándo fingen ser lo que no son. Se es menos susceptible al engaño cuando no tienes distracciones y puedes observar los cambios, aún más cuando no eres el objetivo.

No quería ser objeto de engaño por parte de unas hembras cuyo único objetivo era el de venderse al mejor postor para tener las puertas abiertas a una mejor vida, tal vez a la libertad. Y, para ello, iba a una subasta de esclavas. Era como si alguien que detestara la publicidad pusiera el canal de la tele-tienda.

―Eso es hipócrita. Están haciendo lo posible por vender lo que tú has venido a comprar.

No hubo réplica y entonces me di cuenta de que estaba hablando con alguien importante y poderoso y que no le había tratado ni con respeto, ni con sutilidad, ni con la mente abierta, ni con afecto.

―¿Ya has decidido alguna compra? ―Traté de arreglarlo, de ser casual, de que no se entretejiese el rencor por mi situación en la frase.

―Puede. ―Tras un rato: ―Ven.

Divisé una mano en la oscuridad, alzada hacia donde estaba yo, invitadora. Fui.

Entrelacé mis dedos con los suyos y él tiró de mí hasta que mi espalda descansó sobre su abdomen. Su brazo rodeó mi vientre y mi cabeza se relajó sobre su pecho.

―Observa.

La escena ante mí ofrecía un punto de vista diferente. Era más global, abarcaba a cada ser en esa estancia, a cada hembra, a cada macho, a cada pareja, a cada movimiento. Las sutiles caricias habían evolucionado hasta convertirse en movimientos mucho menos disimulados y bastante más evidentes. Donde antes había caricias superficiales, ahora eran agarres fuertes, lametones indiscretos, exhibicionismo crudo, sin tapujos. Se dibujaba ante mí un cuadro muy hedonista, y la sí sutil caricia de la mano ajena en mi vientre hacia el momento mucho más perturbador.

Su mejilla acarició el pelo sobre mi oreja.

―Quiero comprarte.

―¿Por qué?

―Porque quiero que seas mía.


Y ésta sería la portada:


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